Sin lugar a dudas, el emprendimiento y la evolución han ido de la mano, hasta tal punto que podríamos decir que uno y otra son las dos caras de una misma moneda. La evolución de las sociedades ha sido posible gracias a aquellos hombres y mujeres visionarios que, por encima del orden establecido, supieron ver más allá, asumieron la dificultad y el riesgo como un reto y comprendieron que el cambio era la única forma de dar un nuevo paso.